martes, 21 de octubre de 2008

LA COLUMNA/014

NEGADO EL SALUDO AL ORDENADOR, MÓVIL Y TV
El día de autos, de cuya fecha no quiero acordarme, me sustrajeron el móvil (ya no hace falta decir el teléfono, hasta del genérico se ha adueñado) y durantes los dos días que tardé en reponerlo viví con la sensación de que me habían extirpado una víscera vital para mi funcionamiento. xxxLa televisión, aunque desenchufada, permanece omnipresente, agazapada su silueta en el salón, amenazando con que su ausencia creará en mí un hueco, un vacío, una laguna en el índice de mi repertorio sentimental. La tele (otra que se apodera de un prefijo genérico) me intimida con una infidelidad de circuitos impresos. xxxLa palma de los martirios a mi ya maltrecha estabilidad emocional se la lleva el portátil (otro genérico usurpado, porque móvil ya tenía dueño). El otro día, no sé si de acción de gracias por la maldita gracia que me hizo, ya programada mi mente para el trabajo del día, decidió por su cuenta y riesgo (de estamparlo), funcionar. Era domingo y quizá yo ignoraba algún secreto convenio sindical sobre el día de descanso semanal. Por la noche, sin más explicaciones y sin ejecutar ninguna secuencia distinta a las de la mañana, funcionó. Por uebos me hizo trasnochar. Las horas del intervalo entre averías se llenaron de desánimo en cotas inalcanzables por el consuelo de familiares y amigos; el síndrome de abstinencia fue más cruel que la más despiadada de las adicciones; el cabreo, monumental como las plazas Roja y de San Pedro juntas. Por algo le llaman ordenador cuando debía de ser ordenado. xxxTras la exposición de los hechos, la reflexión. Resuelto a recuperar la condición humana y desechado el recurso del psicoanálisis, opto por la introspectiva y el recuerdo: ¿cómo podíamos vivir antes sin estos tres déspotas guiando nuestros anhelos?, ¿cómo es que la moral, la ética y la estética eran los baluartes de nuestra existencia?, ¿cómo se daba el caso de que la serenidad de espíritu y la paz interior campaban por sus respetos logrando que levitásemos en una nube de felicidad? xxxDesperté, desnudo, y así me dirigí al mar. Sólo había agua, arena y cuatro arbolillos. Entonces mi reacción fue fulminante y grité: ¡imbécil!, ¿ahora te das cuenta de que aquí, ajeno a las cadenas electrotecnosaturadas, se resume todo lo necesario para la felicidad? La liberación fue instantánea y aquí estoy, desnudo, esperando la llegada de otros arrepentidos y confesos de haber dilapidado las fibras del cuerpo, las neuronas de la razón y los pálpitos del alma.

1 comentario:

María dijo...

Muy bueno lo del ordenador. Ahora caigo. Siempre es él el que manda.